No esperes a agotarte (o peor aún, a sufrir el síndrome burnout)

Hoy en día, vivimos en un entorno caracterizado por la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad (el llamado “entorno VUCA”). Según un estudio que realizó CinfaSalud sobre estrés en España durante el año 2017, nueve de cada diez españoles (96,0%) han sentido estrés en el último año y cuatro de cada diez (42,1%), lo han hecho de manera frecuente o continuada, porcentaje que equivale a casi 12 millones y medio de españoles (12.413.000). Estos datos son alarmantes y no podemos pasarlos por alto. Cuando un trabajador sufre estrés constantemente y no cuenta con los recursos para gestionar de manera eficaz su situación, aparece un agotamiento emocional que empeora su rendimiento, salud, relaciones con compañeros y bienestar personal.  Cuando el empleado no utiliza estrategias de afrontamiento del estrés eficaces, cuando no cuenta con apoyo social, cuando no encuentra una motivación intrínseca o un sentido a su trabajo, posee un bajo concepto de sí mismo o percibe la situación como algo incontrolable y en la cual no puede hacer nada (locus de control externo), hay muchas probabilidades de que termine sufriendo el Síndrome del Trabajador Quemado.

¿Qué medidas podemos tomar para prevenir y combatir el agotamiento?

  1. Incorporar el hábito de la supervisión personal. Con la vorágine de la vida, a veces funcionamos en “piloto automático”: los días van pasando casi sin enterarnos, sin tomar conciencia de cómo estamos, de hacia dónde vamos. Tenemos que aprender a hacer revisiones frecuentes, es decir, parar en esa vorágine, y dedicar un tiempo para nosotros y para evaluar: ¿cómo estoy en estos momentos? ¿Es así como quiero estar? ¿Cómo se encuentra mi vida laboral y personal? ¿Hay algo que no está funcionando? ¿Hay algo que sí?
  1. Dedicar tiempo a cuidarnos a tres niveles: físico, mental y social. Esos son los TRES pilares de la salud y esa debería ser nuestra prioridad.

A nivel físico, necesitamos descansar y dormir un mínimo de 7-8h, alimentarnos saludablemente y hacer ejercicio físico con regularidad (aunque sea dar paseos). Casi todos sabemos que hábitos saludables tenemos que incorporar, pero muchas veces no encontramos la motivación para hacerlo. Tenemos que encontrar el motor que nos mueva a poco a poco, hacer cambios en nuestra salud física.

A nivel mental, tenemos que invertir nuestras energías en aquello que sí podemos cambiar, aquello que se encuentra en nuestro margen de maniobra. Hay una oración que utilizan los grupos de Alcohólicos Anónimos que dice lo siguiente: “Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que sí puedo cambiar, y la sabiduría para conocer la diferencia”. Hay cosas que no podemos cambiar, pero muchas otras que sí, y tenemos que saber distinguir cuáles son. Dedicar tiempo a practicar mindfulness (la atención en el momento presente; no en el futuro incierto o en el pasado que ya ocurrió y no podemos cambiar), a modificar los pensamientos limitantes sobre nuestra situación o sobre nosotros mismos, o desarrollar nuestra capacidad de gratitud, son algunas de las herramientas que van a ayudarnos a “rebotar” y salir fortalecidos de las situaciones complejas que nos vamos encontrando en la vida (la tan anhelada capacidad de resiliencia).

Por último, a nivel social, debemos apoyarnos en compañeros, familia y amigos. Compartir nuestros problemas, aceptar la ayuda y el apoyo de personas que nos quieren y escuchan, fortalece la resiliencia. Esto es esencial.

A veces, aun poniendo en práctica lo anteriormente mencionado, seguimos agotados y quemados laboral o personalmente. Es entonces el momento de pedir ayuda a un profesional de la salud, a un psicólogo/a.

María José Ortega

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